GLEW Y GENERAL LAS HERAS
CITA CON LOS COLORES DE BERNI Y DE SOLDI

LA CAPILLA DE GLEW Y LA DEL INSTITUTO SAN LUIS GONZAGA ATESORAN SUS FRESCOS Y MURALES. UNA OPCIÓN DIFERENTE, MUY CERCA.

Fuente: Diario Clarín
Fecha: 19 de marzo de 2006
Por: Ezequiel Sánchez

En dos pueblos de la provincia de Buenos Aires el viajero puede asomarse a la obra de Antonio Berni y Raúl Soldi, dos de los artistas más importantes y a la vez más antitéticos de la plástica argentina: En Glew, al sur del Conurbano bonaerense, Soldi pintó los frescos de la capilla Santa Ana. En General Las Heras, camino a Lobos, en el Oeste, está la capilla del Instituto San Luis Gonzaga, que conserva las obras Apocalipsis y Crucifixión, dos de las últimas creaciones de Berni, terminadas en 1981, año de su muerte.

Ambos viajes están por demás justificados, y proponen atractivos que exceden el valor artístico de estas obras. En General Las Heras, a 40 km de la Capital, está la estancia Santa Elena, ideal para instalarse por uno o dos días, comer un buen asado de campo y recorrer, a caballo o en carro este histórico establecimiento. Un camino con una interminable guardia de plátanos lleva a los cascos, uno de 1860 y otro de 1930. Aquí, además de comer asados de película, se puede cabalgar, jugar bochas, taba y hasta algún partido de pato. Hasta hay paseos en sulky y una piscina con forma de tanque australiano.

En la antesala del casco principal un pequeño museo familiar descubren certificados de la campaña de Los Andes de 1886, obtenidos por el coronel Juan González —tío abuelo del dueño, Pinocho Viale— una pistola, un sable. Y sobre una pared, un árbol genealógico dibujado con pluma y presidido por Juan Martín de Pueyrredón.

En Glew, al final de la visita, no hace falta alejarse demasiado si se trata de saborear un buen bocado criollo: a sólo 15 minutos en auto, en Burzaco, está el comedor de campo Donde Fernando —en Sempere 2073. Allí el visitante saldrá satisfecho.


Temperamento y estilo


Las diferencias entre Soldi y Berni son evidentes en cuanto a lo plástico. El primero, —naturalista pero también impresionista— utiliza una paleta liviana, en la que destaca el uso de tonos fríos (azules, grises). Su pincelada es suelta: las formas en general abiertas no delimitan los contornos de las figuras. Berni, en cambio, tiene un estilo mucho más expresivo —que se inscribe en una tradición social expresionista como la de los muralistas—, utiliza una pincelada enérgica, cargada de material; las formas son más contundentes y su paleta más saturada.

En la capilla del Instituto San Luis Gonzaga (en el 1010 de la av. Villamayor), de Las Heras, están El Apocalipsis y La Crucifixión, de Berni. De 15 metros cuadrados cada uno, los murales en acrílico combinan el mensaje evangélico con una visión social bien crítica. Ambas obras fueron donadas por el artista a Hipólito Pordomingo, entonces sacerdote del templo. La obra de Berni en la Capilla de este colegio se puede visitar de lunes a viernes de 7.30 a 17, durante el año lectivo.

Las imágenes con las que Soldi pobló los muros de la iglesia Santa Ana, en Glew, 42 km hacia el sur de la provincia de Buenos Aires (el templo está en Raúl Soldi y A. del Valle y abre todos los días), cuentan la historia de la Virgen María como si todo hubiera sucedido allí, en medio de un paisaje de molinos, gallinas y flores amarillas. Soldi, dicen, tardó 23 veranos en pintar los frescos.