LA VIDA DE RAUL SOLDI EN UNA MEGAMUESTRA
TAMBIEN SE VERAN EL TALLER Y OBJETOS PERSONALES DEL ARTISTA

Fuente: Diario Clarín
Fecha: 3 de noviembre de 2002

A partir del martes, en el Palais de Glace, la exhibición "Soldi" mostrará sus obras entre 1928 y fines de los años setenta. Un evento similar convocó a más de 400.000 personas en 1992.
Se puede decir que el pintor Raúl Soldi (1905-1994) siempre está volviendo al Palais de Glace, del que nunca se fue del todo. ¿Quién no recuerda aquella exposición de 1992 dedicada a Soldi, visitada por más de 400.000 personas en menos de dos meses? La cita es nuevamente en el Palais de Glace, Posadas 1725, desde el martes 5 de noviembre, por más de un mes y con entrada gratis.
Soldi vuelve esta vez con 150 obras que recorren toda su vida productiva, desde los primeros cuadros pintados hacia 1928 hasta los que realizó en la década de 1970. No faltan las reproducciones de sus frescos para la capilla de Glew, ni la volanta de cuatro ruedas que usaba allí —donde tenía una quinta de fin de semana— para ir a buscar a sus amigos que llegaban en tren, como Xul Solar, Borges y Mujica Láinez. Tampoco falta el taller que el artista supo tener en el barrio de Núñez, reconstruido con su caballete, pinceles y ropas que le sirvieron de inspiración, como unos folclóricos trajes rumanos y españoles.
"Me gustaría que el público aprecie toda la complejidad y la lucha en la vida de Raúl, que vea sus obras del período italiano, sus paisajes rurales, los biombos que hizo para la tienda Harrod's, los retratos de sus hijos, sus grandes composiciones dedicadas al mundo del teatro", dice el galerista y organizador de la muestra, Ignacio Gutiérrez Zaldívar (51). Y agrega: "Durante años él se ganó la vida trabajando como escenógrafo de la época de oro del cine argentino, en los estudios de Argentina Sono Film. Hizo 4.200 decorados para 80 películas, entraba a las 8 de la mañana y se iba doce horas después. Por eso muchos de los cuadros de la década de 1940 tienen esa luminosidad amarillenta, porque él pintaba con luz eléctrica y a la medianoche, cuando volvía del empleo".
Mientras vigila los últimos toques de la muestra, Gutiérrez Zaldívar no para de contar anécdotas, acompañado de cerca por Daniel Soldi (54) y su familia. Daniel preside la Fundación Soldi, con sede en Glew, dueña de muchas de las obras exhibidas. En sus palabras, "creo que cuando mi padre se casó en 1945 con mi madre, Estela Gaitán, encontró el apoyo decisivo para seguir pintando y no terminar devorado por su empleo. La verdad es que a papá no le gustaba desprenderse de sus cuadros. Prefería regalarlos, sus primeros coleccionistas fueron Luis Sandrini y Daniel Tinayre. Eso sí, era perseverante, pintar la capilla de Glew le llevó 26 veranos".
Primo del pintor Santiago Cogorno, según cuenta Gutiérrez Zaldívar, Raúl Soldi viajó en tercera clase a Trieste cuando tenía menos de veinte años y se decidió por la pintura maravillado por el espectáculo de Venecia. Entró en la famosa Academia de Brera —en Milán, en 1926— con su amigo Horacio Butler, expuso en las mejores galerías de Milán y el museo de Florencia le compró un cuadro. Sólo la guerra impulsada por Benito Mussolini contra Etiopía en la década de 1930 y la inminencia del servicio militar —por ser hijo de italianos— lo devolvió a Buenos Aires en 1932, con una larga escala en Suiza.
"Aquel examen en la Academia de Brera consistía en hacer dos desnudos de grandes dimensiones, sin retoques posibles ni cambios. Le enseñaron que la figura humana era mejor que hacer paisajes, pero yo creo que sus paisajes son notables", dice Gutiérrez Zaldívar. Colgados en las paredes del Palais de Glace están, por cierto, los cuadros sobre el mundo rural de Glew: viejas quintas con miradores, casas con rejas, volantas de paseo. Es el mundo que reaparece en sus frescos para la capilla de Santa Ana en Glew: "Por algo ambientó la vida de Santa Ana en las callecitas de Glew, eso impresionó tanto a un obispo que decidió llevar una obra suya al museo del Vaticano", agrega el galerista.
La vida de Raúl Soldi está repleta de paradojas. Venía de una familia de músicos y estaba destinado a seguir ese camino. Como relata Daniel Soldi, "mi abuelo era cellista del Teatro Colón ya en 1908, a papá lo bautizaron Raúl en recuerdo de un personaje de la ópera 'Los Hugonotes', de Meyerbeer. Su hermana Amelia era concertista de piano. Por eso cuando pintó la cúpula del Teatro Colón en 1966 se sentía como el hijo pródigo que vuelve a casa".
Diego Soldi, otro hijo del artista, filmó cuatro cortos cinematográficos de 22, 15 y 5 minutos, donde se cuenta mucho de todo esto. La exposición, que podrá verse de martes a domingos de 14 a 21, dispone de recorridos con guía cada media hora, facilidades para discapacitados y un catálogo con 140 ilustraciones.